La intención creativa de Max Jiménez Huete a través del esbozo
Una crítica de la exposición “Entre candelillas y quijongos”
Autor(a): Josué Quirós-Arias · Follow // Tiempo de lectura 13 min
Max Jiménez nos muestra la esencia del dibujo, la pertinencia del boceto y, aún más importante, la intención inicial que no siempre se plasma en la obra final. Esta es la sensación de la exposición Entre candelillas y quijongos de Jiménez Huete en el Museo Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia (MCG), la cual está abierta al público desde el pasado 17 de enero hasta el 14 de marzo de 2026.

Entre candelillas y quijongos. Una fusión sonora y cultural que habla de raíces y memorias, exposición del artista Max Jiménez Huete de 2026 realizada en el Museo Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia, Escalante, San José. Fotografía de autoría propia.
Son más de 80 obras las que se han recolectado de colecciones privadas, como del Museo de Arte Costarricense (MAC) y las colecciones de la familia Jiménez-Odio y Jiménez-Breeche, entre otras, y que durante el primer trimestre del año se muestran, después de más de dos décadas, a ante quienes admiramos el trabajo de este artista costarricense. La propuesta curatorial de esta exposición abarca desde sus pinturas con mayor renombre, sus escritos de poesía, varios de sus trabajos escultóricos y, lo que más atiende este escrito, sus dibujos, bocetos y esbozos. Sin duda alguna deja en claridad que la labor curatorial de la instancia museística tuvo un gran proceso de planeamiento y de cuidadosa selección de las piezas.Entre candelillas y quijongos más que un título, es una expresión de lo que se pone a disposición en esta importante exposición para la historia del arte costarricense contemporánea. Esta conjunción de palabras demuestra dos significados profundos dentro del contexto de Max Jiménez y su labor artística: por un lado, un entramado de identidad cultural nacional que se mezcla con la pertenencia del territorio, la memoria y hasta ciertas tensiones sociales tanto de la época de Max como de la actualidad. El quijongo como instrumento musical que acompaña la marimba en las tradiciones y culturas indígenas de entre Costa Rica y Nicaragua, se torna como un símbolo crítico que el propio Jiménez Hueta utilizó para denotar ese sentido de arraigamiento de la identidad sociocultural.
Por otro lado, la candelilla, entendiéndose desde el contexto literario de este artista, hace referencia a una serie de ideas sueltas que, en grandes análisis, podrían ser catalogadas dentro del género de la poesía. Sin embargo, lo que quiero destacar en esta crítica es esa esencia de fugacidad, de soltura y de libertad que tienen estas ideas escritas por Jiménez. Estas candelillas podrían anunciar dos características fundamentales de la labor artística de Max: primero, un fuego simbólico que quemaba su creatividad y que le impulsaba a expresarte; segundo, una chispa esporádica que desvanecía con gran velocidad y la cual se transformaba en esas ideas sueltas. Al igual que este artista, lo que este escrito pretende rescatar es ese esbozo de imágenes que no pretende llegar a ser un acabado técnico-artístico.
De forma general, es pertinente remontar a las obras de Max, principalmente sus pinturas, desde la visión estilística. Es bien conocido que este artista se caracteriza por sus estudios en el exterior, lo que le permitió aprender técnicas y movimientos artísticos, principalmente europeos. Entre sus temáticas tratadas, Max destacó un interés por la búsqueda visual de la cultura y los rasgos latinoamericanos con motivos que se destacan por una movilidad interior, sentimental y emocional, así como una gran composición que abarca la totalidad de la obra. Las obras bidimensionales que Jiménez realizó destacan porque reafirman los tecnicismos del pasado con figuras predominantemente ostentosas de una vanguardia de su momento, lo cual, para entonces, suponía en el contexto costarricense una inclusión de técnicas y composiciones que eran escasas de observar en los trabajos artísticos.
En adición, un elemento importante a destacar, sin duda, es la paleta de colores de Max. Se trata de colores vivos que el artista fue creando por su cuenta, combinando otros colores con sustancias vegetales y elementos de la naturaleza; la utilización de estos colores rompe con el trabajo de la pintura academicista en la región latinoamericana, convirtiéndose en un caso particular para Costa Rica. Lo que Jiménez consiguió realizando estas composiciones cromáticas, fue un notable legado técnico que se transforma en una identidad propia artística, la cual es distintiva y caracterizable. Además, esta forma de combinar las tonalidades provoca que, como espectadores, apreciemos un fino contraste entre estos, haciendo que nuestra percepción de la obra sea aún más positiva, lo cual, a manera de ejemplo, se puede destacar en la obra Cactus en el desierto de 1938 que muestra la Imagen 1.

Imagen 1. Max Jiménez, Cactus en el desierto (TCC. Dos desnudos o El Futuro), 1938, óleo sobre tela, 74.5 x 61 cm, colección Museo de Arte Costarricense. Fotografía de autoría propia.
Es pertinente realizar aquí un contraste de lo comentado con respecto al trabajo de dibujo/bocetos/esbozos que se presenta de Max en esta exposición. La Imagen 2 muestra Boceto de Café con leche que es posible interpretar como una acuarela experimental. Esto justificado con especial énfasis en los colores libres, los trazos sueltos y la composición despreocupada. El asunto experimental viene desde esa noción de tranquilidad técnica que refleja este boceto; no hay una búsqueda del carácter técnico-artístico impecable, sino de un proceso que permita visualizar la idea principal que se tiene para la obra. Esta es la importancia que quiero depositar sobre estos esbozos: la despreocupación que transmite Jiménez en estos primeros acercamientos a las obras finales resalta una labor apasionada de expresión de ideas de manera visual sin la necesidad de recurrir a esa perfección artística y técnica, esencia que se contrasta en la Imagen 3 con la relación entre el boceto y el cuadro terminado.

Imagen 2. Max Jiménez, Boceto de Café con leche, s.f., acuarela, 49 x 38 cm, colección Jiménez-Odio. Fotografía de autoría propia.
Esta argumentación es importante fundamentarla desde la recepción social, puesto que la percepción del público que visita esta exposición en el MCG evidencia este complejo interés por los dibujos y por las técnicas empleadas por este artista. La oportunidad que tuve de la visita a esta exposición de Max noté un aforo moderado de público, lo cual sigue reflejando el bajo interés que tiene la población costarricense por las exposiciones de arte. Sin embargo, durante esta visita tuve el acercamiento a dos personas para preguntarles sobre sus percepciones de la exposición. A rasgos generales, destacaron las obras de Max como difíciles de observar y aún más de entender, temáticamente hablando. Destacaron también un carácter adelantado de Jiménez en su obra para el contexto artístico costarricense, lo cual deja para reflexionar sobre la variedad de complejidades que se muestran en sus obras.

Imagen 3. Max Jiménez, Café con leche, ca. 1941, óleo sobre tela, 97 x 61 cm, colección Jiménez-Odio. Fotografía de autoría propia [izquierda]. Max Jiménez, Boceto de Café con leche, s.f., acuarela, 49 x 38 cm, colección Jiménez-Odio. Fotografía de autoría propia [Derecha].
Estas breves opiniones de visitantes a la exposición pone sobre la mesa crítica una incomprensibilidad que se la ha atribuido a las obras de Max. Inclusive, Joaquín García Monge a través del Repertorio Americano, menciona lo siguiente con respecto a la obra criticada de Jiménez: “[...] no le haga caso a las críticas tontas o mal intencionadas [...]. No se enfade, no se desanime. Son demasiado originales, son demasiado personales su arte y su obra literaria para que la mayoría le dé su visto bueno”. Este breve comentario de García demuestra que ya el público comentaba sobre las obras de Max. Más que pensar en qué clase de comentarios hacían —negativos o positivos—, es más pertinente reflexionar sobre el ejercicio que estaban haciendo las personas espectadoras para indagar, comprender y hasta introducirse dentro de la narrativa visual de este artista.
Teniendo en cuenta esta recepción social, es clave llevar al argumento central de esta crítica: el esbozo/el boceto/el dibujo de Max se configura como un proceso de simplificación visual de las ideas que, en bajo su contexto, han sido acercadas a las candelillas. Es decir, lo más esbozado, lo menos perfeccionado técnicamente, lo que tiene un carácter experimental y lo que no sería considerado como una obra finalizada por el artista, son manifestaciones del proceso creativo de Max Jiménez quien, a través de estos, no buscaba reflejar una obra completa, sino una idea fugaz y una experiencia sentimental-creativa que tuvo en un momento determinado. Un ejemplo claro de este argumento es el Autorretrato de 1924 mostrado en la Imagen 4.

Imagen 4. Max Jiménez, Autorretrato, 1924, dibujo grafito, 22.5 x 29 cm, colección Jiménez-Odio. Fotografía de autoría propia.
Así que, como interpretación, lo que quiero resaltar es que estos esbozos demuestran la parte más íntima del proceso creativo de un artista en su expresión menos preocupada por la afinidad técnica artística. Estos bocetos son exactamente eso: un boceto. Bosquejos que ahora son parte del patrimonio artístico nacional y que están expuestos en un museo; cabe preguntarse, ¿por qué? Puede existir una amplia variedad de respuestas a esa interrogante. Yo quiero proponer la siguiente: reflejan un sentido artístico más allá de una técnica, que se enfoca en una intención meramente creativa, expresiva y reflexiva por parte del artista.
Esta clase de borradores pueden ser tomados como el fundamento de todo el sistema interno del artista. Existe así una clase de búsqueda del placer creativo que sobrepasa el factor del gusto o de la afinidad puramente estética. Incluso aquí cabe señalar otra interpretación pertinente: Max parece apelar, más que a una expresión artística, a un proceso de entretenimiento, como una especie de pasatiempo. El contraste con la Imagen 5 que muestra Mujer en ventana, demuestra que ese acto surge desde esa despreocupación que se denota en los esbozos; es como quien tiene un tiempo libre y hace garabatos en un papel.

Imagen 5. Max Jiménez, Mujer en la ventana, s.f., dibujo grafito, 25.5 x 28.5 cm, colección Beeche-Ortiz. Fotografía de autoría propia.
Como personas espectadoras, empera el sentimiento de maravilla ante una noción libre, tranquila y despreocupada que transmiten sus dibujos esbozados. Parece no haber un afán de que la labor crítica le realizara un análisis estilístico y formal a estos bocetos, que es un carácter que, como parte del gremio de personas historiadoras y críticas, ya realizamos e incluso yo mismo realizo en estos párrafos. No puedo conocer las intenciones de Max con estos dibujos, pero lo que sí puedo proponer es esta narrativa que aliente a la percepción crítica de esbozos tales como son, sin la pretensión de buscar la perfección técnica entre sus líneas, sus formas y sus composiciones.
En adición a esta argumentación, es valioso considerar una visión de admiración hacia las obras, dejando de lado por un momento el ejercicio de lectura formalista tradicional. Como parte de la expresión creativa, esta se exterioriza a través de la creación artística que se plasma del conjunto de sentimientos acumulados en nuestro interior. Aquí entra en juego la disputada noción de subjetividad que, dentro de este proceso expresivo, demuestra aspectos de la experiencia propia sobre la comprensión y lectura de una obra, así como los estados de ánimo, las emociones y hasta los significados internos. En adición, hasta las propias intenciones de la persona artista son subjetivas, puesto que no logramos observar de la misma forma que la persona que creó la obra, por lo que recurrimos a la construcción de nuestra propia percepción sobre ella.
De esta forma, la idea originaria de la persona artista puede ser una gran sugerencia para la lectura de la obra, sin embargo, la experiencia de quienes pueden interpolar esa interpretación tienen un peso fundamental en cómo se comienza a constituir un paradigma alrededor de una obra. Parte de esta experiencia puede partir de la noción de dificultad de realizar una obra, lo cual puede colmar el análisis de un sentimiento de admiración o hasta de envidia hacia quien la realizó. Sin embargo, es considerable señalar en este punto que esa calidad técnica atribuida está intrínsecamente vinculada con la expresividad de la persona autora. Como ejemplo de lo señalado se localiza Boceto de Mujer de espalda (Imagen 6) de ca. 1922-1923 que, a partir de la subjetividad de la persona espectadora y sus nociones sobre las técnicas del artista, se construye una narrativa interpretativa desde una serie de puntos de vista distintos.

Imagen 6. Max Jiménez, Boceto de Mujer de espalda, ca. 1922-1923, dibujo grafito, 50.5 x 33 cm, colección Jiménez-Beeche. Fotografía de autoría propia.
Situando este breve paréntesis analítico de la forma en la que se relaciona la expresividad con la percepción subjetiva de una obra hacia el contexto del artista Max Jiménez, es significativo argumentar que entender los procesos de apreciación, interpretación y asimilación de las obras de este artista conllevan a despegarse de los aspectos formales para centrarse en el entramado profundo que ofrecen las obras de Jiménez. El acercamiento que podemos hacer como público responde a una apertura de ver más allá de una obra finalizada; de una pintura culminada o una escultura completa.
Compete tomar la subjetividad y trasladarla a los dibujos que ofreció este artista como parte de una producción creativa y expresiva.

Vista de la exposición Entre candelillas y quijongos. Una fusión sonora y cultural que habla de raíces y memorias, del artista Max Jiménez Huete de 2026 realizada en el Museo Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia, Escalante, San José. Fotografía de autoría propia.
Frente a esta mediación entre esa libertad artística y la apertura a una admiración no centrada en la técnica, cabe destacar la opinión del dominicano Juan Bosch que expresa lo siguiente: “Max Jiménez no es definitivamente ni realista, ni cubista, ni surrealista; es sencilla y completamente un pintor de su tiempo que utiliza todas las enseñanzas del oficio [...] para expresar con ella un concepto pictórico actual…”. Aquí se denota una lectura del proceso creativo sobre el encasillamiento estilístico que, desde la disciplina de la historia del arte, normalmente se le realiza a una persona artista. En suma a este comentario, vale mencionar la siguiente concepción de Parsons en aproximación al gusto: “...el juicio depende de los criterios de quién esté mirando el cuadro. Será un juicio válido para esa persona pero no necesariamente para otras. La validez depende de los criterios escogidos [...]. Esto permite que exista un número de criterios indefinido”.
La combinación de estas dos ideas expuestas permiten abrir una aproximación de mediación para el público que reflexione e invite a observar la esencia de las candelillas o de las ideas sueltas, sin una híper romantización de las técnicas artísticas, de los movimientos estilísticos y de los medios de producción. Esta acción ayuda a que las ideas y las intenciones expresivas sean factores con gran importancia dentro de la experiencia artística, tanto desde la perspectiva de la persona creadora como de quién especta la obra. Es notar y posicionar la esencia subjetiva y el afán por expresar, por delante de un producto u objeto artístico acabado, listo para ser consumido por un público.
En el marco de esta argumentación, los bocetos, los dibujos y los esbozos expuestos en el MCG de Max Jiménez se insertan en la línea de expresividad artística con esa esencia subjetiva. Esta crítica es una invitación a repensar cómo apreciamos e interpretamos las obras tanto de este artista como de otras personas artífices. Poner en la balanza qué se toma más en cuenta durante la interacción con las obras. Las candelillas esbozadas por Jiménez Huete y que ahora podemos contemplar con proximidad, demuestran perfectamente lo que quise aclarar a través de estas páginas: apremiar la experiencia humana de la subjetividad creativa y expresiva, más allá de la búsqueda de la perfección técnica y estilística, la cual está siendo alcanzada por los avances tecnológicos actuales.
Bajo este último contexto, observar estos bocetos de Jiménez brindan una motivación para tomar los esbozos y los dibujos como punto de partida de la construcción artística, teniendo en gran proximidad ese factor emotivo y sentimental que es atravesado por la subjetividad humana.
Referencias
Chase Brenes, Alfonso. Max Jiménez presentado por Alfonso Chase. San José: Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, 1973.
Jiménez Huete, Max. Galería Max Jiménez expone. San José: Asociación Cultural ProArte, 1948.
Parsons, Michael J. Cómo entendemos el arte. Una perspectiva cognitivo-evolutiva de la experiencia estética. Barcelona: Paidós, 2002.
Quirós Valverde, Luis Fernando. “Max Jiménez Huete: el cultivo estético de la rebeldía”. Masa Crítica, 4 de febrero de 2026. https://masacritica.art/blogs/news/max-jimenez-huete-el-cultivo-estetico-de-la-rebeldia
Vargas Vargas, José Ángel. “Candelillas de Max Jiménez: una aproximación al concepto país pequeño”. Káñina, Rev. Artes y Letras (2), no.3 (2006): 175-180. https://archivo.revistas.ucr.ac.cr/index.php/kanina/article/download/4630/4444