El poder frente al lienzo

El poder frente al lienzo

Una Mirada Política / El Eco de la Pregunta de Mauricio Miranda

Autor: José Ortiz Follow // Tiempo de lectura 9 min

Hace unos días me encontré con el artista Rolando Faba, quien me habló de una exposición que le había parecido especialmente interesante: Una mirada política, del artista Mauricio Miranda en la Galería C.R.A.C Art en Barrio Otoya, curada por Yamil de la Paz García. Lo escuché con atención; su entusiasmo despertó mi curiosidad y, pocos días después, ya habíamos coordinado la visita a la muestra.

Un hombre seduciendo a la locura, de la serie Imágenes de resonancia, 2024

Aunque conocía el trabajo de Mauricio, no lo conocía personalmente. Sin embargo, bastó muy poco tiempo para percibir su ímpetu y la pasión que imprime a su práctica. Hacer arte conceptual en un país como el nuestro implica retos particulares; hacerlo desde una perspectiva abiertamente política parece, además, una tarea monumental. En 2010, Miranda fundó La Fundación, una plataforma dedicada a apoyar a artistas, escritores, curadores y cineastas en la realización de proyectos culturales. Entre sus iniciativas destacan Confines de lucro, Por los de acá y Los Okupas. Este último fue un proyecto multidisciplinario impulsado por LDS Producciones y La Fundación que propuso intervenir espacios no convencionales con diversas manifestaciones artísticas como respuesta a la falta de infraestructura cultural formal en Costa Rica. Su cuarta edición, realizada en Amón Solar, reunió a más de veinte artistas de ocho disciplinas —teatro, danza, música, literatura, cine, performance y artes visuales— en una serie de funciones simultáneas que buscaban generar experiencias íntimas y participativas entre artistas y público.

En el ámbito audiovisual fue creador y productor ejecutivo de Secuelas de la Cuarentena, serie internacional que recibió una mención honorífica en los Premios Nacionales de Cultura en 2020. Más recientemente ha trabajado en Imágenes en Resonancia, proyecto en el que explora la enfermedad mediante la resignificación de residuos cotidianos —como blísteres de pastillas— generando reflexiones personales que adquieren resonancia universal.

Su producción es extensa; sin embargo, cuando le pregunté cuál considera su obra más significativa, respondió sin dudar: Plusvalía. En ella, el artista propone la venta de segmentos de la piel de su espalda mediante un contrato que proyecta la entrega del material tras su muerte. Según Miranda, la pieza surge de la insistencia por generar recursos que le permitan producir su propia obra, concibiendo su práctica como un gesto que activa acciones y estrategias para sostener su producción artística. La venta simbólica de fragmentos de piel plantea una especulación sobre la adquisición y el valor de las obras de arte, convirtiéndose en un proceso de espera que acompaña la vida del artista. Se trata de una obra que dialoga con debates contemporáneos sobre la mercantilización del cuerpo, el valor simbólico del arte y las economías precarias que atraviesan la producción cultural (Bishop, 2012; Camnitzer, 2007).

En cada uno de sus trabajos, Miranda ha demostrado que su práctica se fundamenta en la investigación rigurosa, la constancia y una genuina vocación por cuestionar las estructuras sociales que configuran nuestro entorno.

Catálogo de Los Okupas, Amón Solar, 2014

En esta ocasión decide llevar esa inquietud a un territorio particularmente incómodo: invitar a quienes aspiran al poder político a pintar. No como un gesto simbólico inocente, sino como un mecanismo de exposición pública donde la imaginación se transforma en evidencia política. Una Mirada Política / El Eco de la Pregunta no es una exposición de cuadros; es un dispositivo crítico, un experimento en el que el arte deja de ser escenario para convertirse en método de interrogación.

Cada candidatura es invitada a intervenir un lienzo Polaroid de 30 × 40 cm mientras conversa sobre su visión cultural del país. El resultado no es la pintura en sí misma, sino el proceso, el tiempo invertido y —sobre todo— las ausencias. Los lienzos en blanco no son vacíos: son silencios documentados. Miranda desplaza a los políticos fuera del territorio seguro del discurso. Allí donde el lenguaje suele ser controlado, el gesto creativo introduce vulnerabilidad. La política, acostumbrada a la eficacia narrativa, ingresa en el territorio ambiguo del arte, donde incluso el silencio comunica (Bourriaud, 2002).

El proyecto se inscribe en una tradición latinoamericana que concibe el arte como herramienta crítica más que como objeto contemplativo. Desde las acciones del colectivo CADA en Chile hasta las pedagogías críticas de Luis Camnitzer y las performances políticas de Tania Bruguera, la obra se integra en una genealogía donde la creación funciona como mecanismo de cuestionamiento del poder y sus representaciones (Longoni, 2014; Bruguera, 2012).

Lo que hace particular esta propuesta es su proximidad directa con figuras políticas activas. No se trata de representaciones del poder: es el poder mismo intentando operar dentro de un lenguaje que no domina. Aquí emerge una dimensión clave: el tiempo. En medio de campañas aceleradas, dedicar horas a una acción artística se convierte en una prueba ética. Participar o no participar deja una huella material. El compromiso cultural deja de ser una promesa abstracta para transformarse en un registro observable.

Registro de Plusvalía, 2011, VoltaNY

La elección del formato Polaroid refuerza esa idea de memoria inmediata. No estamos ante la imagen heroica del futuro político, sino frente a una instantánea frágil de su imaginación cultural —o de su ausencia. No obstante, el proyecto también transita una línea delicada. Invitar a los políticos a crear podría parecer un gesto conciliador, susceptible de ser absorbido por la maquinaria de la imagen pública. La obra responde a ese riesgo incorporando el silencio como evidencia crítica. Los espacios vacíos operan como resistencia visual frente a la narrativa optimista de la participación.

Al final, Una Mirada Política no ofrece respuestas sobre el futuro cultural del país. Su gesto es más radical: convierte la cultura en un territorio donde el poder debe exponerse sin guion. Y en un contexto electoral dominado por métricas, encuestas y discursos estratégicos, pedirle a un candidato que imagine —verdaderamente imagine— puede convertirse en uno de los actos más políticos posibles.

Referencias
  • Bishop, Claire. Artificial Hells: Participatory Art and the Politics of Spectatorship. Verso, 2012.
  • Bourriaud, Nicolas. Relational Aesthetics. Les presses du réel, 2002.
    Bruguera, Tania. “Arte útil y prácticas políticas contemporáneas”. Diversos ensayos y conferencias, 2012–2018.
  • Camnitzer, Luis. Conceptualism in Latin American Art: Didactics of Liberation. University of Texas Press, 2007.
  • Longoni, Ana. Vanguardia y revolución: arte e izquierdas en la Argentina de los sesenta-setenta. Ariel, 2014.
  • Mosquera, Gerardo. Beyond the Fantastic: Contemporary Art Criticism from Latin America. MIT Press, 1995.
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