Amatorio, un poemario de Alina González

Amatorio, un poemario de Alina González

Autor: José Ortiz Follow // Tiempo de lectura 6 min

Alina González presenta su nuevo libro: Amatorio. A lo largo de su extensa trayectoria, ha sido un ejemplo de constancia y calidad técnica. Su obra pictórica es sólida, expresiva y dotada de una intensa carga psicológica; por ello, no resulta extraño que ahora nos entregue un libro de poesía. Y es que ser poeta no significa necesariamente escribir versos: significa habitar el mundo con una sensibilidad capaz de condensar lo complejo en un símbolo. La poesía no es un formato, sino una actitud frente a la realidad. Cuando un artista logra que una imagen diga más de lo que muestra, está actuando poéticamente. Mucho antes de que la pintura se entendiera como objeto, el gesto creativo fue una manera de traducir el misterio. En ese sentido, todo gran artista es, en esencia, un poeta.

Figuras como William Blake encarnan esta fusión absoluta entre palabra e imagen, donde el dibujo no ilustra el poema ni el poema explica el dibujo: ambos son manifestaciones de una misma visión interior. En América Latina, artistas como Xul Solar o Roberto Matta desarrollaron universos visuales que funcionan como verdaderas cosmogonías poéticas y han generado todo un pensamiento en torno a la relación poesía y el arte pictórico.

De este modo, Amatorio surge como parte integral de la obra de González y no solamente como un complemento. Los primeros poemas fueron concebidos durante su adolescencia. Incluso el poema “Me nombré contigo” obtuvo el segundo lugar en el Certamen de Poesía del Colegio La Salle. Según relata la autora, una de las personas que la estimularon fue el poeta Carlos Duberrán, junto con la influencia de la poesía de la Generación del 27. “Por esos años me inicié también como artista visual. De tal manera que la poesía me ayudó a conceptualizar lo que haría luego en pintura. Al entrar a trabajar en la institucionalidad, sin dejar de exponer, empecé a escribir una poesía ya no amorosa, sino una que conectaba con mi yo como ciudadana o, mejor aún, como sujeto anónimo, de ahí surgirá otro poemario. Hacia 1996 pinté una serie llamada Amatorio, título que decidí darle a este libro en el que reuní aquellas poesías amorosas escritas entre los años noventa y 2009”.

La referencia a Amatorio resulta fundamental, pues alude también a una serie de pinturas creadas desde el derrumbamiento del ánimo. Las imágenes emergieron con los colores del desengaño y con los destrozos de un corazón herido: “El amor perdió su color de cielo, su invencible armadura, su potestad en el reino del sueño. Tuve que amar para saber que, como todo en la vida, también existe el lado oscuro del corazón; que así como se ama, también se ha de probar el amargo sabor del desamor, una y otra vez. Nunca se es siempre victorioso, como tampoco se es siempre perdedor. En todo hay algo de dulce y de amargo: es el justo balance de la vida”.

Aunque los poemas que conforman la obra abarcan diferentes etapas y temáticas, el conjunto fue trabajado para lograr una unidad interna: desde los poemas amorosos, donde prevalecen la emoción y la contemplación del ser amado que luego se continúan con un marcado crescendo hacia el deseo y el eros; para culminar en el desafecto, las rupturas y el desamor.

Alina es clara al referirse a las motivaciones de su obra: “El amor siempre me ha obsesionado y me ha fascinado como sensación y como experiencia vital; sin embargo, como temática o problema estético, nunca había sabido cómo abordarlo por temor a caer en el estereotipo y, peor aún, en lo cursi o light —por usar un término de moda, aunque muy acertado—”.

Fotografía por Ariela Muñoz

El libro fue diseñado por María Fe Alpízar y confeccionado en el taller de Lil Mena, quien cuidó cada detalle con esmero y gran destreza técnica. Su exterior esta cubierto de lino y el encuadernado es tipo acordeón, sin costuras ni goma y viene protegido por una caja de lujo que termina de evidenciar el cuidado al detalle.

Amatorio marca un punto de inflexión en la trayectoria creativa de Alina González, no solo porque reúne décadas de escritura íntima, sino porque confirma la continuidad profunda entre su pintura y su palabra. En este poemario, la artista no abandona la imagen: la traslada al lenguaje, la destila y la convierte en experiencia verbal. Así, el amor —en su plenitud y en su herida— se convierte en territorio estético y existencial, donde la autora demuestra que su vocación poética ha estado presente desde siempre, latiendo en cada trazo y ahora también en cada verso.

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