Cinco minutos con Francisco Zúñiga Chavarría
Autor(a): Alina González · Follow //Tiempo de lectura 5 min
Período Costa Rica:
Francisco Zúñiga Chavarría nace en San José, Costa Rica, el 27 de diciembre de 1912. Hijo de Manuel María Zúñiga Rodríguez y Rosario Chavarría Calvo. Siendo adolescente, en el taller de su padres, trabaja y aprende como se tallan y policroman las imágenes de religiosas. Sin embargo, no conformándose con la imaginería, dedica su atención en el estudio de la naturaleza. Para entonces, sorprende con sus habilidades en el dibujo y la pintura. La gente le encarga retratos, bodegones y paisajes. Esta es una etapa en la que realiza copias de obras maestras con la idea de ejercitarse y dominar la técnica al óleo.
En 1927 se matricula en un curso de dibujo en la Escuela de Bellas Artes, pero inconforme con lo enseñado en dicha academia, se interesa en la obra de pintores como el caso de Paul Gauguin, buscando por medio de su pintura la síntesis, la simplicidad de las formas, en contraposición con lo detallado, y el virtuosismo.
No obstante, en cuanto a la obra pictórica de Zúñiga, es un capítulo ignorado en la plástica costarricense aunque tuvo su importancia en su momento, en aquello y ya distantes años treinta. Una obra que Francisco Zúñiga produjo al lado de Teodorico Quirós y que a partir de 1936, para el mismo Zúñiga, será una etapa superada.
Junto a Juan Manuel Sánchez Barrantes (1907-1990), otro gran escultor que rehusó del academicismo, estudian e investigan sobre los movimientos artísticos que surgen en Europa a finales del siglo XIX -la escultura particularmente representada por artistas como Auguste Rodin y Camille Claudel- y los que habrían de surgir a principios del siglo XX con el fauvismo, expresionismo, futurismo y cubismo. Más tarde, a Sánchez y Zúñiga se unirá Juan Rafael Chacón Solares (1894-1982) y todos y todas aquelles que llegarían a conformar la llamada “Nueva sensibilidad” o “Generación de los años treinta”: Francisco Amighetti (1907-1998), Flora Luján Alvarado (1915-1979), Emilia Prieto Tugores (1902-1986), Luisa González Feo (1899-1982), Teodorico Quirós Alvarado (1897-1977), Manuel de la Cruz González Luján (1909-1986), Fausto Pacheco Hernández (1899-1966), Margarita Bertheau Odio (1913-1975). Todos estos artistas y estas artistas reviven o retoman la experiencia de los y las impresionistas quienes desalojaron los talleres para ir a pintar al aire libre con la idea no solo de tener contacto con la realidad sino comprender los efectos de la sobre sobre la naturaleza. Se enfrentan a una paisaje cambiante, rural, paisaje de casas de adobe ya sea en las localidades de Escazú, Curridabat o Santo de Domingo de Heredia.
En los cuadros de esta generación, hay un predominio tanto por el óleo como por la acuarela. Entre los años 1928-1937 que coinciden con las Exposiciones del Diario de Costa Rica, miembros de esta generación obtienen premios tanto en pintura como en escultura. En 1935, Francisco Zúñiga esculpe en piedra de Cartago, su “Maternidad”, que hoy es propiedad de la Maternidad Carit. Con esta obra, Zúñiga obtiene el primer premio de escultura en la “I Exposición de Artes Plásticas Centroamericana”, obra que es considerada por much@s la que une su producción anterior con la que realizará en México. En ella, se percibe la simplificación de la forma y su esencia, vinculada a la estética precolombina contraponiéndose así al concepto académico-europeo y al mármol que privilegia la oligarquía como sinónimo de la “blancura”. Un ejemplo de ello, es la obra marmórea que decora el Teatro Nacional como también la escultura de Juan Ramón Bonilla Aguilar (1882-1944) “Héroes de la miseria” (1909).
Período México:
El aporte del arte prehispánico en América, el arte primitivo o naive occidental, y el aporte de la pintura mural mexicana serán para Zúñiga grandes referentes. En todas estas manifestaciones, encuentra la importancia de la forma esferoide u ovoide y por consiguiente la simplicidad de la forma, como también un arte que debía estar al servicio del pueblo.
En 1936, parte para México. En 1937 colabora como ayudante del escultor Oliverio Martínez, En 1938, ya es maestro dela Escuela de Artes Plásticas, “La Esmeralda”. Y entre 1938 y 1942, colaboró con el escultor Guillermo Ruiz en obras monumentales en bronce. En esta época aprende el proceso de fundición, además del pulimento de la piedra. Zúñiga se interesará y concentrará por la representación de lo femenino, de todas aquellas mujeres otomíes, oazaqueñas, juchitecas, veracruzanas, chamulas y de Patzcuaro, en variadas posturas, mujeres adolescentes, mujeres fuertes vitales con sus hijos o mujeres ancianas, sin llegar a idealizar sino el estar más cerca que nunca de la realidad. Fue un artista que trabajó haciendo apuntes directamente partiendo de la realidad misma, utilizando el modelo en vivo. Según el artista: “Pienso una escultura como un todo orgánico: articulaciones, tensiones, movimientos interno de masas, texturas, formas: muchas veces ovoides, cúbicas, redondas. No soy dado a la experimentación de nuevos materiales, ni de la forma por la forma pura, deseo comunica algo de la vida interior.”

Monumento a la madre, 1935