Benjamín Gutiérrez Sáenz, el maestro

Benjamín Gutiérrez Sáenz, el maestro

Un músico que construyó su propia voz

Autor: Fabio Robles Martínez · Follow // Tiempo de lectura 12 min 

Hablar de Benjamín Gutiérrez Sáenz es hablar de una de las figuras fundamentales de la música académica costarricense. Nacido en Guadalupe el 3 de enero de 1937, desarrolló a lo largo de una extensa trayectoria una doble vocación: la de creador y la de maestro. Como pianista, compositor, director y docente, su actividad artística trascendió las fronteras nacionales y lo llevó a relacionarse con algunos de los principales espacios y maestros de la música de su tiempo.

Pero quizá lo más significativo de su trayectoria no sea solamente la amplitud de su formación, sus reconocimientos o el número de obras que integran su catálogo. Hay algo más profundo: Benjamín Gutiérrez construyó un lenguaje musical propio.

La analista de música clásica Ekaterina Chatski señala entre las características de ese lenguaje el tratamiento personalizado de la tonalidad, la elección de determinadas entonaciones melódicas y una marcada preferencia por el desarrollo contrapuntístico lineal antes que por el tratamiento armónico-vertical. (1) Esa búsqueda de una voz propia permite comprender que su trayectoria no consistió únicamente en interpretar o reproducir la tradición musical europea, sino también en asimilarla, transformarla y convertirla en una expresión personal.

Su producción comprende obras para orquesta sinfónica, agrupaciones de menor formato, música de cámara, piano, coro y ópera. A ello se suma una intensa labor como intérprete, director y profesor. El resultado es una trayectoria en la que creación, interpretación y enseñanza no aparecen como actividades aisladas, sino como dimensiones complementarias de una misma concepción del arte.

De los primeros estudios a los grandes maestros

La formación de Benjamín Gutiérrez comenzó temprano y tuvo en su abuela materna a su primera maestra. Bajo su orientación entró en contacto con la música académica y con pequeñas piezas de Mozart y otros grandes compositores, experiencia que el propio músico recuerda en una entrevista. (2)

En 1953 ingresó al Conservatorio de Música de la Universidad de Costa Rica, donde estudió piano con Miguel Ángel Quesada. En 1957 viajó a Guatemala, gracias a una beca, y continuó allí sus estudios de piano y composición en el Conservatorio Nacional de Música. Su formación posteriormente se proyectó hacia Estados Unidos, donde obtuvo el grado de Master of Music en el New England Conservatory en 1960.

Pero su aprendizaje no terminó allí. En 1961, en Aspen, Colorado, estudió composición con el compositor francés Darius Milhaud y posteriormente amplió su formación con Ross Lee Finney, en Ann Arbor, Michigan. En 1965 recibió una beca para estudiar en el Instituto Latinoamericano de Estudios Musicales Torcuato Di Tella, en Buenos Aires, Argentina. Allí tuvo la oportunidad de perfeccionarse bajo la orientación de Alberto Ginastera, uno de los compositores latinoamericanos de mayor reconocimiento internacional. (3)

Esta etapa resultó decisiva. El joven músico costarricense entró en contacto con compositores e intérpretes de distintos países y amplió un horizonte artístico que ya no estaría limitado por las fronteras de su país.

La trayectoria posterior confirmaría esa vocación internacional. Gutiérrez dirigió orquestas, coros y óperas en distintos países de América Latina y Europa; fue director asistente de la Orquesta Sinfónica de Costa Rica y, en 1983, trabajó con Pierre Boulez en el IRCAM de París. 

También fue compositor oficial de las bandas nacionales del Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes durante la década de 1970. (4) Sin embargo, detrás de esa proyección internacional permaneció otra dimensión esencial de su trabajo: la del maestro.

El maestro que formó a otros músicos

Benjamín Gutiérrez ejerció la docencia en el Conservatorio Castella y en la Universidad de Costa Rica, institución de la que posteriormente fue nombrado profesor emérito.

Su labor docente no puede entenderse como una actividad secundaria frente a la composición. A través de ella transmitió conocimientos, disciplina y sensibilidad artística a nuevas generaciones de músicos, varios de los cuales llegarían a ocupar posiciones destacadas en la vida musical costarricense.

También desarrolló una importante labor de extensión cultural. Por iniciativa propia llevó conciertos y actividades musicales a distintos cantones del país, acercando la música académica a públicos que no siempre tenían la posibilidad de acceder a ella. En ese gesto aparece otra dimensión del maestro: no se limitó a crear música, sino que procuró compartirla y formar a quienes continuarían su camino.

Como pianista solista se presentó en Costa Rica y Argentina acompañado por orquestas sinfónicas. Sus composiciones, por otra parte, han sido interpretadas por orquestas sinfónicas, bandas sinfónicas, grupos de cámara y solistas en América Latina, Estados Unidos, Europa y Japón.

Su trayectoria comenzó así a dibujar una característica que permanecería constante: una obra arraigada en su país, pero abierta al diálogo con escenarios, lenguajes y tradiciones musicales mucho más amplios.

El reconocimiento

El reconocimiento llegó como consecuencia de una trayectoria en la que creación, interpretación y enseñanza fueron avanzando de manera paralela. Entre sus numerosos reconocimientos se encuentran el Premio de Composición Aquileo J. Echeverría, que obtuvo en varias ocasiones; el Premio Nacional de Música en 1973, 1977, 1980 y 1985; el Premio de Música de Cámara del Teatro Nacional en 1978; el Premio Áncora en 1983; los Juegos Florales de Guatemala en 1966 y el reconocimiento de Alpha Lotta Association en 1959. (5) Sin embargo, uno de los momentos más significativos de su trayectoria llegó en 2001, cuando recibió el Premio Nacional de Cultura Magón, considerado el máximo reconocimiento cultural de Costa Rica. (6)

Un reconocimiento anterior, otorgado en 1999 por el periódico La Nación, lo declaró “Músico del Siglo XX”, distinción que refleja la dimensión alcanzada por su trayectoria artística. (7)

Hay reconocimientos que caben en un diploma y otros que adquieren una dimensión simbólica. Entre estos últimos está la presencia de Benjamín Gutiérrez en el Paseo de los Artistas del Teatro Nacional. El Teatro Nacional, símbolo arquitectónico y cultural de Costa Rica y declarado Patrimonio Histórico, constituye uno de los espacios más representativos de la vida artística del país. En la sección denominada Paseo de los Artistas, en el año 2000 fue develada una escultura de bronce de Benjamín Gutiérrez, incorporándolo simbólicamente a un espacio reservado para figuras cuya trayectoria ha dejado una huella extraordinaria en la cultura costarricense. (8)

La obra

Su extensa producción musical se inicia en 1957, cuando apenas tenía 20 años, con su primera ópera, Marianela, basada en la novela de Benito Pérez Galdós. Desde sus primeros años como compositor, Gutiérrez mostró una inclinación por establecer un diálogo entre distintas formas de expresión artística, particularmente entre la música y la literatura. Marianela constituyó un punto de partida fundamental en su carrera. La obra acompañó los primeros pasos de un joven compositor que posteriormente ampliaría su formación académica y profesional en diferentes centros musicales del mundo.

Su producción creció a través de los años y fue estudiada por diversos especialistas. Entre ellos destaca la musicóloga Tania Vicente León, quien analiza y clasifica su producción en diferentes categorías: música orquestal, música de banda, música de cámara, piano, canciones, coro y música incidental/ópera. (9)

Esta diversidad permite observar la amplitud de sus intereses creativos. La música orquestal le ofreció un espacio de grandes dimensiones sonoras y posibilidades expresivas, mientras que la música de cámara estableció un diálogo más íntimo entre los intérpretes y el público. La música para piano ocupa también un lugar especial. En ella pudo conjugar su experiencia como compositor con sus cualidades como intérprete, explorando diferentes registros emocionales y poniendo de manifiesto su dominio técnico del instrumento. En el caso de la ópera, Gutiérrez encontró una forma privilegiada de unir música, literatura, dramatismo y expresión escénica. No es casual que este género acompañara los primeros pasos de su carrera como compositor y se encuentre, por tanto, ligado a los orígenes de su trayectoria artística.

Dentro de su producción aparecen también la música de banda y las canciones, géneros que amplían todavía más el espectro de una obra caracterizada por su diversidad. Pero detrás de esa variedad existe un elemento común. En buena parte de su obra aparecen personajes, acontecimientos, paisajes o temas vinculados con Costa Rica. De esta manera, su música establece un puente entre las raíces locales y un lenguaje artístico de dimensión universal.

Entre las obras que pueden señalarse como momentos importantes de su trayectoria están Marianela (1957), Homenaje a Juan Santamaría (1966) y Rapsodia para saxofón alto y orquesta (1974). Son obras pertenecientes a diferentes momentos de su evolución artística y permiten observar la transformación de un compositor que, sin abandonar sus referencias culturales, fue incorporando nuevos recursos y lenguajes musicales. Su catálogo incluye además obras como Improvisación para orquesta de cuerdas, Pavana, Absolutio Post Missam Pro Defunctis, Concierto para violín y orquesta, Danza de la pena negra y otras composiciones que muestran la amplitud de sus intereses creativos. (10)

A través de su producción y también de su relación con las grandes corrientes de la música contemporánea, su obra fue incorporando progresivamente nuevas posibilidades expresivas, sin abandonar las raíces culturales que atraviesan buena parte de su creación. Ahí reside una de las claves para comprender a Benjamín Gutiérrez: no se limitó a recibir una tradición. La estudió, la asimiló y, desde ella, buscó nuevas posibilidades de expresión. Su verdadera aportación no está solamente en haber compuesto numerosas obras, sino en haber construido, a través de ellas, una voz propia dentro de la música costarricense.

Conclusiones

Benjamín Gutiérrez Sáenz es una de las figuras fundamentales de la música clásica contemporánea costarricense, un connotado pianista y compositor fecundo que, a través de toda su vida artística, ha logrado posicionarse como un creador de notable trayectoria y como uno de los compositores más destacados del país. Guatemala, Estados Unidos, Argentina y Francia han sido escenarios de su actividad artística y de la proyección de su obra, consolidando un nombre que ha estado presente en la vida musical costarricense desde la segunda mitad del siglo XX y que forma parte de su patrimonio musical contemporáneo.

Su obra, aunque no siempre haya estado acompañada de su presencia física, también ha llegado a grandes escenarios y teatros, pues sus composiciones han sido interpretadas por otros directores e instrumentistas. Esta permanencia de su creación más allá del propio compositor constituye una de las expresiones más significativas de su legado artístico y contribuye a proyectar la música costarricense más allá de sus fronteras.

Su labor académica, sin duda, ha sido fructífera, pues desde la enseñanza y la formación musical ha contribuido al desarrollo de nuevas generaciones de intérpretes y creadores. A ello se suma su labor de extensión cultural, por medio de la cual ha llevado la música académica a públicos diversos, ampliando el acceso a una manifestación artística que con frecuencia ha sido considerada exclusiva de determinados sectores sociales.

Su obra revela además una estrecha vinculación con la cultura y la identidad costarricenses, mediante la presencia de figuras históricas, héroes, poetas y distintas manifestaciones de la vida cultural del país.

La trayectoria de Benjamín Gutiérrez Sáenz permite comprender que una obra artística perdura no solamente por los reconocimientos obtenidos, sino por su capacidad para trascender al propio creador y permanecer en quienes la escuchan, la interpretan y la estudian. Su perseverancia, su formación, su participación en escenarios internacionales y su dedicación a la enseñanza lo convierten en un referente para las nuevas generaciones de músicos costarricenses.

Por ello, instrumentistas, directores y compositores actuales pueden encontrar en su trayectoria un ejemplo de disciplina, estudio y compromiso con la creación artística. Su aporte a la música costarricense no se limita a la cantidad de obras compuestas ni a los escenarios en los que ha participado: reside también en haber contribuido a construir una tradición musical propia y en haber demostrado que la creación artística costarricense puede dialogar con la música universal sin perder sus raíces.

Benjamín Gutiérrez Sáenz ocupa, por ello, un lugar significativo en la historia musical de Costa Rica. Su legado no pertenece únicamente a una época ni a una generación: forma parte de una tradición que continúa siendo escuchada, estudiada e interpretada. En esa permanencia reside, quizá, la verdadera dimensión del maestro.


Bibliografía


  • Chatski, E. (2016). El estilo musical de Benjamín Gutiérrez. En Antología Benjamín Gutiérrez: La música es mi destino (pp. 47-64).
  • Gutiérrez, B. (2016). Vivo para componer. Entrevista incluida en Antología Benjamín Gutiérrez: La música es mi destino (pp. 13-30).
  • Vicente León, T. (2016). Biografía de Benjamín Gutiérrez. En Antología Benjamín Gutiérrez: La música es mi destino (pp. 135-139).
  • Dirección de Cultura. (s. f.). Benjamín Gutiérrez Sáenz. Ministerio de Cultura y Juventud de Costa Rica.
  • Universidad de Costa Rica, Archivo Histórico Musical. (s. f.). Benjamín Gutiérrez Sáenz.
  • Ministerio de Cultura y Juventud de Costa Rica. (2001). Información y documentación sobre el Premio Nacional de Cultura Magón otorgado a Benjamín Gutiérrez Sáenz.
  • Universidad de Costa Rica, Facultad de Artes. (s. f.). Benjamín Gutiérrez Sáenz.
  • Teatro Nacional de Costa Rica. (s. f.). Benjamín Gutiérrez.
  • Vicente León, T. (2016). Biografía de Benjamín Gutiérrez. En Antología Benjamín Gutiérrez: La música es mi destino.
  • Sistema de Información Cultural de Costa Rica. (s. f.). Benjamín Gutiérrez Sáenz.

 











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