“Ausencia de significado”: Federico Herrero

“Ausencia de significado”: Federico Herrero

Autor(a): Josué Quirós-Arias Follow // Tiempo de lectura 8 min

¿Qué es el arte? Puede ser tantas cosas que, al mismo tiempo, puede no ser lo que uno cree que es. No quisiera entrar en una cuestión filosófica del debate de qué es y qué no es el arte [o el Arte], sino lo que traigo es la premisa de “¿qué es esto que veo en las obras de Federico Herrero?”. Quiero anticipar que yo no tengo una respuesta para esta cuestión y no creo que la haya, ni en libros ni en el propio artista. Para mí el significado de las obras de Herrero podría residir en el instante en el que se interactúan con ellas, en la conversación con otras personas, en la posterior reflexión y en el carácter efímero de la percepción sensorial. 

Memoria topográfica. Revisión 1999–2026, una exposición de Herrero en el Museo de Arte Costarricense (MAC), San José, que se posiciona como una retrospectiva al trabajo de las casi tres últimas décadas en donde están expuestas obras que aún residen el país y que sirven como una fuente directa para acercarse a comprender la visión pictórica y artística que tiene Herrero. Mi intención en este escrito no es hacer la revisión de esa memoria del trabajo del artista, sino volver a la idea inicial: ¿qué significan las obras expuestas? ¿Hay un significado específico? ¿Cómo sé si lo que estoy pensando es lo que coincide con lo que transmite la obra?

Figura 1. Federico Herrero, Cara [detalle], 2005, óleo y marcador permanente sobre lienzo, colección privada del artista, exposición Memoria topográfica. Revisión 1999–2026 en el MAC. / Fuente: fotografía de autoría propia. 

Una persona cercana que también visitó la exposición de Herrero en el MAC me hizo esas preguntas esperando una respuesta certera de mi parte por ser historiador del arte. Sin embargo, desde el inicio dejé claro con mi respuesta que no poseo el significado de las obras, ni creo que nadie lo haga, tal y como anticipé. Esto porque, desde mi creencia personal, el arte contemporáneo no está pensando para tener un solo significado final, tal como la imaginería religiosa o la pintura histórica, por mencionar algunos ejemplos; para mí, la producción artística actual apremia la experiencia [sensorial], la creatividad desde su sentido más anímico y la expresividad, más allá de querer transmitir un mensaje único. 

Desde lo que he aprendido por experiencias personales transmitidas por personas artífices directamente o que se acceden mediante plataformas, incluso desde el inicio de la creación de una obra no hay un significado final. Aquí quiero hacer hincapié en que no significa que no haya significado, sino que no precede un significado único. De esta manera, ni nosotros en la práctica de la Crítica de Arte o en la ámbito de Historia del Arte, y otras disciplinas, ni las personas artistas tienen ese significado final que tanto se aclama cuando no se entiende una obra o cuando se pretende determinar si es o no arte [o Arte]. Esta “ausencia de significado” que es lo que se podría entender como que estoy planteando, me gusta verlo como una oportunidad para ocuparlo con algo más: la percepción, la sensación y la experiencia que se puede tener con la obra. Al igual que las personas artistas contemporáneas se declinan por estos aspectos, nosotros como espectadores o partícipes del mundo [académico] del arte también podemos ser parte de esa experimentación sensorial que nos brinda el arte. 

Partiendo de estas premisas que estoy proponiendo aquí, y ante esa “ausencia de significado” que quiero proponer al público que llene con la plena confianza de su propia percepción, sensación y experiencia que le genera las obras, quiero remontar a la exposición de Herrero en el MAC. Hay tres aspectos [de los muchos] que construyeron mi significado personal el día que visité la exposición y que plasmo en este escrito para ejemplificar esa colocación propia del sentido en las obras de Federico: el primero es el énfasis que le da el artista en el color sobre la forma, que es una característica bien conocida del estilo propio de Herrero; el segundo es la utilización de formas “sencillas” de comprender, lo que genera un mayor acercamiento a las obras; el tercero es la dicotomía entre el dejar vacío y llenar el espacio, lo que para muchas personas puede causar un conflicto visual enorme. 

Ya se conoce el estilo de Federico Herrero y el énfasis que le hace al color sobre la creación de formas. El color vivo, delicado y llamativo es  lo que más me llamó la atención de las obras, parece una invitación a que apreciemos los colores y que no busquemos generar significado de formas, sino que solamente experimentemos la obra a través del color. ¿Cuántas veces se puede hacer esto en obras? Es naturaleza humana que nuestro cerebro pretenda identificar formas, por ejemplo, edificios, flores, caras, animales, entre otros, para tener la certeza de que lo que se está viendo es algo; sin embargo, Herrero parece consciente de ello y nos pone un esfuerzo de ver la obra solo por sus colores: azul, celeste, rosado, amarillo, verde…Es cierto que en algunas de las obras expuestas algunas formas son importantes, pero no es su totalidad. Para ilustrar este argumento propongo la obra Dorrosa es-cosa (2000) [Figura 2], la cual, ante el complejo proceso de reconocer una forma, el color amarillo y sus tonalidades se interponen en nuestros sentidos y nos distrae de la búsqueda de esa silueta o figura reconocible. 

Figura 2. Federico Herrero, Dorrosa es-cosa, 2000, técnica mixta [óleo, acrílico, pintura en spray y marcador permanente sobre lienzo], colección privada del artista, exposición Memoria topográfica.Revisión 1999–2026 en el MAC. / Fuente: fotografía de autoría propia. 

Las formas “sencillas” que se reconocen en algunas obras de la exposición, tal como es el caso de Chirimos (2014) [Figura 3], son un recurso que aparecen en las obras de Federico como una manera de acercarse a la obra y que el público, especialmente aquellas personas que se consideran “desconocedoras de arte”, se puedan sentir incluido dentro de la narrativa visual. En esta búsqueda de significado que, en ciertos casos del arte contemporáneo, se convierte en una tarea ambigua y compleja, las formas “sencillas” como un par de ojos y una boca sonriendo, generan una confianza en la persona espectadora de sentirse en acercamiento con esta y poder confiar en que su interpretación es correcta, sin pensar en que si fue la intención de la persona artista o que el mundo académico pueda desmentirla. El uso de estos elementos populares en una obra de arte me parece un recurso que apremia la experiencia artística a través de un lenguaje visual-conceptual despreocupado y que podría ser comprendido por muchas culturas alrededor del mundo. Asimismo, este recurso visual remite al primer punto, puesto que nuestros sentidos se devuelven a los colores sobre la forma de la obra en su totalidad. 

Figura 3. Federico Herrero, Chirimos, 2014, técnica mixta [óleo, acrílico, pintura en spray y marcador permanente sobre lienzo], colección privada del artista, exposición Memoria topográfica.Revisión 1999–2026 en el MAC. / Fuente: fotografía de autoría propia. 

Durante mi recorrido en la exposición reconocí una dicotomía entre dejar vacías ciertas partes del lienzo o del soporte que utilizó Herrero y llenarlo por completo. Quisiera ejemplificar con la obra sin título de 2008 [Figura 4], que parece remitir a una ausencia de algo en el centro de la composición. ¿Esa “ausencia” será tan relevante para experimentar la obra? Desde mi perspectiva no, sino más bien la vuelve más interesante de mencionar; no obstante, abre ese tipo de conflicto narrativo-visual que, como anticipé, podría generar un choque en el público al creer que “no llenó toda la obra”. Quiero creer que esto es una decisión intencional y que Herrero juega con esa noción entre llenar y no llenar todo el lienzo y que hayan secciones de la obra que parece faltarle una parte, generando una noción de que se encuentra incompleta. Este es un recurso que, desde mi perspectiva, abre una serie de debates en torno a qué es una obra terminada y qué es una obra incompleta, lo cual el arte contemporáneo parece comprender bien, puesto que es un modo de expresión recurrente. Dentro de la retrospectiva que ofrece la exposición de las obras de Herrero, me dan una impresión de que se encuadra con el actual trabajo del artista: aún quedan muchos colores para pintar, medios y soportes que utilizar y público que atraer a la experiencia artística. 

Figura 4. Federico Herrero, sin título, 2008, técnica mixta [óleo, marcador permanente y pintura en spray sobre lienzo], colección privada del artista, exposición Memoria topográfica.Revisión 1999–2026 en el MAC. / Fuente: fotografía de autoría propia. 

La obra de arte contemporánea, y en este caso específico de Federico Herrero, no termina de colocar un significado único y final a su expresividad artística, sino que se expande a una multiplicidad de significados, interpretaciones y lecturas que equivale a la misma multiplicidad del público que observa, cuestiona y reflexiona las obras. Las obras de Herrero son un excelente ejemplo de una invitación a la experimentación sensorial, perceptiva y despreocupada a la práctica artística de la actualidad, e inclusive a otros ámbitos de la cotidianidad. Un recordatorio de que somos seres sensibles y no máquinas que solo producen y consumen desde la frialdad y la insensibilidad. También construyen una “ausencia de significado” único, admitiendo una cantidad incontable de perspectivas que se adaptan a su narrativa para que las personas espectadoras puedan confiar en su propio proceso, sin la mediación exigida o impuesta por la intención de la persona artista o los estudios académicos del arte. El significado único en Federico Herrero no existe, solo existe la experimentación y la percepción que pueden transformar a los significados en su proceso de interacción artística. 

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