REAPROPIACIONES: El sincretismo plástico de Luis Chacón

REAPROPIACIONES: El sincretismo plástico de Luis Chacón

Autor: José Ortiz · Follow // Tiempo de lectura 7 min

Compartí muy poco tiempo con don Luis Chacón. Tuve la oportunidad de hablar con él en un par de exposiciones, pero en ese poco tiempo me dejó algo claro: siempre estaba dispuesto a discutir, a conversar y, sobre todo, a darle oportunidades a los artistas más jóvenes. Conocía su trayectoria y por eso llegué a Reapropiaciones con una expectativa concreta: esperaba una muestra retrospectiva extensa, de esas que rinden homenaje a toda una trayectoria, tanto la artística como la de gestión cultural. Me encontré, en cambio, con algo más íntimo y personal, y quizás por ello la experiencia resultó más interesante: un grupo de obras poco conocidas del artista que de una manera sencilla  iluminan sus intereses y preocupaciones más profundas.

La pregunta que articula la curaduría es precisa: ¿de qué manera los planteamientos de los teóricos del arte latinoamericano de la segunda mitad del siglo XX, en particular la crítica Marta Traba, influyeron en la obra de Chacón, específicamente en su práctica del sincretismo? El propio artista había adelantado una respuesta en su texto inédito Antimimetismo: historia abierta del arte latinoamericano actual (hacia 1974), donde sostenía que el artista latinoamericano debía "ganar el tiempo perdido" y expresarse "sin complejos regionalistas dentro de una concepción universal". Esa confrontación entre lo universal y lo local, entre la asimilación de referentes ajenos y la construcción de un lenguaje propio, es el hilo conductor de toda la sala y se convierte en el criterio más útil para entender la muestra.

Para quien no esté familiarizado con el artista, vale la pena detenerse un momento en su figura. Luis Chacón fue uno de los artistas plásticos más influyentes de Costa Rica en las últimas décadas, no solo por su producción personal sino por su papel como gestor cultural: fue fundador del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo (MADC), de la Galería Nacional de Arte Contemporáneo (GANAC) y del Museo Regional de Arte Costarricense, además de curador internacional del Museo de Arte Costarricense. Obtuvo su licenciatura en Artes Plásticas de la Universidad de Costa Rica en 1976 y, en 1979, un doctorado en la Universidad de París, Francia, con énfasis en Historia del Arte Precolombino, donde fue además asistente del pintor cinético venezolano Carlos Cruz-Diez. A su vez, fue miembro fundador del grupo Bocaracá y a lo largo de su carrera obtuvo en dos ocasiones el Premio Nacional Aquileo J. Echeverría en pintura y, en otra ocasión, el Premio Áncora de la Cultura en artes plásticas. Falleció el 16 de agosto de 2024, a los 70 años.

Reapropiaciones: El sincretismo plástico de Luis Chacón fue curada por Byron González Aguilar y Ericka Solano Brizuela. Gran parte de las piezas provienen de una donación de más de sesenta obras que ingresó a la colección del MAC en 2025, lo cual explica en buena medida ese carácter menos monumental y más personal que percibí al recorrer la sala: no es la retrospectiva de un gestor cultural con obra pública reconocible, sino el gabinete privado de un coleccionista y creador incansable.

De inmediato, al entrar a la sala, llama la atención una obra elaborada con pedazos de cerámica ensamblados alrededor de la figura de un querubín. Chacón desarrolló esta línea escultórica, que él mismo describía como parte del "azar", a partir de objetos y materiales hallados, entre ellos fragmentos de cerámica rota reorganizados para dar origen a nuevas figuras (La Nación, 2021). En una entrevista sobre su colección personal, describía este cuerpo de trabajo con un juego de palabras revelador: cerámica rota que, precisamente en su ruptura, rompe también paradigmas y cuenta historias (La Nación, 2023). Pertenece a la misma familia de piezas como María Antonieta, que le valió una mención de honor en la IV Bienal Nacional de Cerámica de 2010, y Ángel caído, obra en la que Chacón combinó unas alas de peltre provenientes de una antigua escultura religiosa con el cuerpo de un maniquí de madera (La Nación, 2021).

La obra es sólida en su composición. Sobre un fondo compacto de piezas negras, que funciona como una caja de resonancia visual y aísla el "estallido" central, se articula un núcleo denso y casi circular de fragmentos cerámicos de colores, vidrio, botones y objetos encontrados: una canica azul, motivos florales, rayas cebra, cerámica pintada con frutas y animales. Ese contraste entre el fondo monocromo y el centro explosivo de color es un procedimiento habitual en Chacón: generar tensión entre el orden geométrico y la fragmentación, un recurso que también aparece, con otra materialidad, en pinturas como Página de historia antigua o en el ensamble Regalías españolas, donde el color de fondo organiza y contiene la dispersión de los elementos que lo rodean.

En el centro de ese estallido emerge la cabeza de un querubín de yeso, con sus alas talladas, como si surgiera del propio caos cerámico. La yuxtaposición de este ángel, símbolo de pureza y protección, con fragmentos rotos y descartados de vajillas y ornamentos cotidianos propone una reflexión sobre la fragilidad, la reconstrucción y la posibilidad de una redención estética de lo roto. Es, en esencia, la misma operación de reapropiación que la curaduría identifica en toda su producción tridimensional: la confluencia de objetos de diversos orígenes materiales y simbólicos, adheridos entre sí hasta generar una nueva entidad que no imita ninguna de sus fuentes, sino que las traduce a un lenguaje propio.

Esa voluntad de romper con los lenguajes pictóricos tradicionales y experimentar con materiales no convencionales remite, inevitablemente, a su filiación con el grupo Bocaracá y a la constante búsqueda, compartida por ese colectivo, de renovar la plástica costarricense frente a una tradición más convencional. Pero en esta pieza en particular esa búsqueda se vuelve además personal, casi devocional: un objeto religioso de fábrica, probablemente un souvenir doméstico como tantos otros que Chacón coleccionaba, rescatado del olvido y devuelto a una nueva vida ritual, rodeado ya no de cerámica intacta sino de sus propios fragmentos.

La pregunta curatorial sobre la influencia de Marta Traba y el sincretismo encuentra en una pintura de gran formato su ejemplo más explícito. Sobre un fondo rojo intenso, con montañas al fondo que evocan el paisaje volcánico costarricense, se despliega una masa vegetal profusamente decorada con motivos populares, de la que emergen decenas de pájaros trabajados en relieve o aplicados tridimensionalmente sobre la superficie pintada. En la base, un patrón de rejilla azul evoca de nuevo el textil y un elemento que recuerda una serpiente amarilla conecta visualmente esa base con el follaje central.

Esta obra traslada al lenguaje pictórico el mismo problema que las esculturas resuelven en volumen. "Árbol de la Vida" sintetiza el proyecto artístico de Chacón: un paisaje costarricense reinterpretado no de forma mimética sino sensorial y simbólica, con una explosión cromática que actúa como fuerza vital, y una hibridación técnica (pintura + objeto/relieve) que desborda el marco bidimensional. Es una obra que celebra la vida como energía que asciende y que puede leerse como testamento visual de un artista que, según sus colegas, entendía el arte y la vida como el mismo reto ininterrumpido. Es quizás la pieza que mejor sintetiza el planteamiento de Antimimetismo: un artista latinoamericano que no copia referentes ajenos ni se limita a un folclorismo local, sino que hace convivir, en una misma superficie, la tradición pictórica de caballete, el ornamento textil local y el objeto encontrado, sin que ninguno subordine a los demás.

Salir de Reapropiaciones dejó una sensación distinta a la que había anticipado. No es el recorrido triunfal de un gestor cultural, sino el testimonio de un coleccionista compulsivo que encontraba en el objeto la materia prima de un lenguaje propio.

Referencias
Chacón, L. (ca. 1974). Antimimetismo: historia abierta del arte latinoamericano actual [Manuscrito inédito].
González Aguilar, B., y Solano Brizuela, E. (curadores). (2025). Reapropiaciones: el sincretismo plástico de Luis Chacón [Exposición]. Sala Herradura, Museo de Arte Costarricense, San José, Costa Rica.
La Nación. (2021, 17 de agosto). Las vidas de Luis Chacón. 
La Nación. (2023, 19 de febrero). Luis Chacón, el artista consolidado que juega como niño con su arte. 
La Nación. (2024, 16 de agosto). Luis Chacón, destacado pintor, curador y promotor cultural, muere a los 70 años
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